Una Vaquilla con mucha historia

Reportaje de Cristina Rodríguez realizado en 2007

Aclaración de VaquillaFresnedilla.es: Cuando se realizó este reportaje, poco se sabía del origen de la Fiesta y su relación con el resto de las Mascaradas Ibéricas. Para mayor información sobre el Origen de la Fiesta de la Vaquilla pueden hacer click  en el siguiente enlace (proceso de incohación de Bien de Interés Cultural publicado en la BOCM):  En el se puede leer… “En conclusión, se considera que la Fiesta de “La Vaquilla” en honor de San Sebastián, de Fresnedillas de la Oliva, es una manifestación importante de las fratrías y otros ritos de paso ancestrales de raíz celta, y forma parte del patrimonio inmaterial de la Comunidad de Madrid, por lo que merece ser declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Hecho Cultural para apoyar el mantenimiento de su pureza originaria y su continuidad.”

 Una Vaquilla con mucha historia

Cada 20 de enero, se celebra en el municipio madrileño de Fresnedillas de la Oliva, la tradicional “Fiesta de la Vaquilla”, un ritual de origen incierto que ha permanecido inalterable hasta nuestros días.

Las calles del municipio se llenan de colorido y de un sonido atronador de cencerros, en el ambiente se respira un aire festivo. Los mozos visten llamativos monos multicolores, la mayoría con estampados florales. Sobre sus espaldas cencerros de acero dorado, golpeados una y otra vez, por los antiguos bajadazos de corazón de retama y encina, atados a la cintura con correajes, y tocándolos; recorren las calles del pueblo invadiendo cada rincón con una música ensordecedora. Todo ello para celebrar la Fiesta de la Vaquilla, en honor a San Sebastián.

Una celebración, que es resultado de la superposición de elementos religiosos cristianos y culturales de las distintas épocas, incluida la actual, sobre celebraciones antiquísimas de origen pagano.

 

Pablo Alonso, historiador: “Es un ritual que se conserva casi intacto a diferencia de los que se celebran en otros lugares de la Comunidad de Madrid”.

El momento histórico al que se remonta la Fiesta se desconoce, pero se sabe que se celebra desde el traslado, por parte de Felipe II, de la Corte a San Lorenzo de El Escorial (municipio cercano a Fresnedillas).

Pablo Alonso vecino del pueblo, doctor en Historia por la UCM, y una de las personas que más ha investigado sobre la Fiesta, asegura que la celebración de este ritual surgió en la segunda mitad del siglo XVI, entre 1556 y 1598. Las personas del pueblo que mejor dicen conocer el origen de la Fiesta, determinan que este se remonta a las calendas romanas (una celebración para llamar al buen tiempo y a la vida primaveral, antes de que llegara el cambio de estación).

 

“Es una fiesta en la que se conserva el ritual casi intacto a diferencia de las que se celebran en otros pueblos de la Comunidad de Madrid”, comenta Pablo Alonso.

Municipios como Pedrezuela, Colmenar Viejo o Los Molinos también celebran la Fiesta de la Vaquilla, el día 20 de enero.

Uno de los ingredientes que hacen de esta Fiesta, una celebración inusual y única, es la caracterización de los jóvenes que representan los personajes principales que participan en el ritual. El personaje principal que da nombre a la Fiesta es la Vaca. Está representada por un joven que porta sobre los hombros la Vaquilla, un armazón de madera en forma de horquilla en la que están insertadas unas maderas más finas emulando a las costillas, todo ello cubierto con una auténtica piel de vaca. A la izquierda lleva colocada una escarapela hecha con cintas de diversos colores. En el extremo posterior cuelga un rabo y en la parte delantera lleva insertadas unas astas, ambos auténticos, consiguiendo una representación tosca y rural del personaje. Es el personaje que desean representar la mayoría de los jóvenes del pueblo que participan en la Fiesta, este año será Pedro J. Ramos quien lo represente, sus expectativas son personificar este personaje bien y sobre todo disfrutar, a pesar de la enorme responsabilidad que supone.

El Alcalde y el Alguacil, jóvenes que en este día representan a la autoridad. Pese al aspecto serio de sus trajes, sobre sus cabezas lucen unos sombreros algo barrocos y cargados de simbolismo. En la indumentaria del Alguacil destaca una banda bicolor (rosa y azul) que cruza su pecho de derecha a izquierda. El Alcalde, a diferencia de éste, porta un cetro de mano, emulando al bastón de mando, y adornado en su extremo superior con citas multicolores y un cascabel.

Los sombreros, son revestidos con cintas plisadas de colores brillantes, collares de perlas sujetados con broches y adornados con flores en el copete y en el ala del sombrero.

La nota simpática la ponen El Escribano y la Hilandera. El primero representa a los antiguos secretarios públicos. Vestido con un traje negro, en la actualidad adornado con, lentejuelas, etc., un enorme sombrero de copa también negro y palo o vara a modo de bolígrafo. Su función es recaudar fondos y administrarlos.

La Hilandera, popularmente llamada La Guarrona, es el único personaje femenino (hombre disfrazado de mujer) en el que se vierten todos los estereotipos y tópicos planos (lo que más se resalta de este personaje son los pechos, con un excesivo maquillaje, caracterizado con bolso, unas gafas enormes, pamela, sombrilla, etc.) de una fiesta en la que la participación de las mujeres está totalmente prohibida “Soy partidario de que las mujeres no participen en la Fiesta, ya que es una tradición y siempre ha sido protagonizada por hombres y mozos, si cambiásemos eso, la tradición se perdería” afirma José Luís Rodríguez, uno de los mozos que participa en la Fiesta. La Hilandera es el personaje que, a diferencia de la Vaca, menos gusta representar a los jóvenes del pueblo.

El Vaquero (personaje hoy desaparecido), buscaba a la vaca tratando de evitar, una vez encontrada que se la diese muerte. Este personaje hacía reír con bromas a los que presenciaban la Fiesta.

Los Judíos o Motilones, son los hombres (nunca mujeres) encargados de evitar que escape la Vaca. Representan al pueblo, son los integrantes en mayor número del festejo. Van vestidos con vistosos monos floreados, una honda, pañuelo al cuello, cencerros a la espalda y un gorro militar (antiguamente un casquete musulmán).

UN RITUAL CON MUCHA TRADICIÓN

A las doce y un minuto de la medianoche del 20 de enero, comienza la atronadora música de cencerros que apenas se detendrá hasta las seis de la tarde. Los jóvenes (Judíos) salen a la Plaza del pueblo, allí tocan y recorren sus calles. A partir de la una de la madrugada, se lleva a cabo el Bautismo (consiste en hacer beber a los nuevos Judíos que entren en la Fiesta, una mezcla de coñac y aguardiente). Los mozos que protagonizaran la fiesta representando a los personajes principales, son los encargados de realizarlo.

Tras este ritual, los Judíos acompañados de los vecinos más curiosos, van a por el Carro (un antiguo carro de bueyes) a una granja cercana para trasladarlo a la Plaza, lugar principal de desarrollo de la Fiesta en adelante.

A primera hora de la mañana del día siguiente los Judíos recorrerán de nuevo las calles de Fresnedillas. Tras el descanso en el que se desayuna (tradicionalmente por parejas), se vuelve a tocar en la Plaza, yendo seguidamente a buscar a sus casas, a los jóvenes que representan los personajes de la autoridad (el Alcalde y el Alguacil), para dirigirse en comitiva a la Iglesia, donde se celebrará el ritual religioso. Este se encuentra salpicado de numerosas notas peculiares: los cencerros y el armazón de la Vaca, se quedan fuera de la Iglesia, y los Judíos para entrar en ella se cubren con una manta como señal de respeto.

Antes de entrar al templo el Alcalde de la Fiesta entregará una moneda siguiendo un orden que se respetará más tarde en la entrada y disposición al templo de cada uno de los participantes. El Alcalde y el Alguacil se sitúan encabezando las filas de parejas compuestas por los Judíos, finalizando las mismas el Escribano, la Hilandera y por último la Vaca.

Durante la ceremonia se lleva a cabo la ofrenda, que consiste en depositar la moneda con la boca en una bandeja que sostiene el cura, besando la Estola, y volviendo los Judíos de nuevo al lugar que ocupaban en las filas sin dar la espalda en ningún caso al Santo.

Terminada la Misa, llega la Procesión, en ella los Judíos y el resto de personajes de la Fiesta acompañan al Santo (San Sebastián). Uno de los momentos más emocionantes de la Procesión se produce tras finalizar la Misa, cuando los Judíos se disputan con la Vaca el llegar el primero y arrodillarse delante del Santo para vitorear a San Sebastián. “Yo tengo una gran devoción hacia San Sebastián y nada más comenzar este momento solo pienso en arrodillarme ante él y gritar ¡Viva San Sebastián!”, afirma Pedro Javier Ramos, uno de los jóvenes participantes en la Fiesta.

Tras el acto religioso, la acción se traslada a la Plaza. Allí, se producirán vertiginosas carreras y regates, de la Vaca que no cesa en su empeño por tratar de embestir al Alcalde y al Alguacil. No se trata solo de una cuestión de forma física, entran en juego la agudeza visual y la astucia. Las multas que habrán de pagarse, no son solo una cuestión de dinero, sino; también de orgullo, a veces ser una buena o mala Vaca o Alguacil depende de la capacidad de conseguir o evitar los envites.

Tras la comida, llega la Carrera del Pito (denominada así por el cigarro que se le entrega a la Vaca antes de disputarse), los empujones, los codazos y las caídas son habituales, por intentar llegar el primero. Un recorrido con calles estrechas y sinuosas que se pueden volver en contra de los mozos, que las recorren a una velocidad vertiginosa. Más carreras y encontronazos entre los personajes principales dan paso al momento humorístico de la Fiesta, en el que un vecino del pueblo, José Damián de la Peña, recita en verso las anécdotas ocurridas a algunos de los habitantes de Fresnedillas durante el año. “Anteriormente recitaba las poesías mi tío, al morir, hice un poema a su persona, desde entonces sigo haciéndolo y me siento muy bien. Lo más difícil a la hora de elaborar los poemas es reflejar la peculiaridad de las personas a las que se los dedico y elaborar la rima” afirma José Damián.

 La rivalidad es un ingrediente clave en esta Fiesta, cargada de emoción y encontronazos entre sus personajes.


La fiesta concluye con el sacrificio de la Vaca (se da un tiro simbólico al aire) pero antes de su muerte, la atan con una cuerda. Los Judíos la sujetan mientras el Alguacil, tira de ella para atarla al carro o a la farola de la Plaza, en un intenso forcejeo de un lado a otro, para evitar la multa. Seguidamente se le da muerte a la Vaca disparando un tiro al aire, los Judíos corren hacia el carro para beber el vino que contiene una cuba situada debajo de él, que simboliza la sangre de la Vaca.

A pesar de que la Fiesta de la Vaquilla, ha pervivido hasta nuestros días casi intacta, el paso del tiempo ha hecho que se introduzcan algunos cambios en los últimos cincuenta años, que la han modificado en algunos aspectos.

Se han perdido algunas tradiciones que formaban parte de esta antigua celebración, como por ejemplo el “Ave María”, en el que al alba, los Judíos salían de nuevo a tocar, pero esta vez con cencerros más pequeños a la espalda, y ocultos en la oscuridad cogían a los vecinos del pueblo, normalmente ganaderos, para que les pagasen el aguardiente hasta las ocho de la mañana, hora en la que tocaban las “Ave Marías” (se tocaban las campanas de la Iglesia, indicando que acababa el tiempo en el que los vecinos pagaban el aguardiente a los mozos) .

Por otra parte, destacar también la desaparición del personaje el Vaquero, ya que tras la muerte del vecino (siempre el mismo) que lo interpretaba nadie ha seguido representándolo.

Tras la celebración del ritual, los Judíos recorren las casas del pueblo pidiendo dinero para la celebración posterior de una cena. Años atrás en vez de dinero, debido a los escasos recursos de los que se disponían en la época de posguerra, los vecinos del pueblo entregaban a los mozos los alimentos con los que luego, las mujeres elaborarían la cena a la que acudían todos los vecinos.

“La fiesta ha evolucionado y se ha ido adaptando a los tiempos. Es cierto que deberían recuperarse algunas de las tradiciones perdidas, como el Ave Mará, aunque es algo muy difícil Tras finalizar por la noche el ritual, los mozos del pueblo se iban a dormir juntos a los pajares de los vecinos, esta costumbre en la actualidad ya no se lleva a cabo”.

J.L. Rodríguez de la Plaza, de 90 años, uno de los vecinos más longevos del pueblo, asegura que desde que la conoce, la Fiesta ha cambiado mucho, sobre todo, la rivalidad existente, ya que ahora es menor que antaño y es algo que resta emoción a la Fiesta.

Así, la Fiesta de la Vaquilla, ha permanecido casi inalterable hasta la actualidad, siendo una de las más importantes en cuanto a conservación. Como resultado de esto, fue declarada en el año 1991, Patrimonio Histórico-Cultural de la Comunidad de Madrid.

Los niños del municipio, también disfrutan realizando esta Fiesta el día anterior, un acto adaptado a su edad, pero de idénticas características. Los casados, generalmente antiguos judíos, lo hacen un día después de forma más relajada y humorística.